Es habitual que antes de decidirse por acudir a una profesional de la psicología hayan muchas preguntas, y sobre todo, resistencias y miedos. Uno de ellos es si será necesario contar todo aquello que causa malestar, si se encontrarán las palabras, si se entenderá y si no será contraproducente pues contar supone revivir. Narrar un suceso doloroso supone mirarlo, crear puentes en la memoria para unir sensación y palabra, y anticipar eso puede generar mucha angustia. Esta angustia puede llegar a suponer evitar recordar, relatar y pedir ayuda para hacerlo. De este modo, se contribuye al «pacto de silencio» que social y estructuralmente se mantiene para evitar que, como comunidad, podamos asumir y comprender el dolor psicológico.
En las primeras llamadas de toma de contacto, o en la consulta, algunas personas expresan que tienen miedo a «abrir la Caja de Pandora». Se refieren a que saben que su dolor actual no es sólo suyo ni presente, que en ocasiones ocurrió en el pasado y tiene su origen en una o unas relaciones más o menos cercanas, que le provocaron un profundo dolor y secuelas posteriores que aún hoy reviven. Una serie de adversidades que ocurrieron en un momento que no pueden afrontar. Y en ocasiones más de una adversidad de manera acumulada de la que sienten que no se han podido recuperar.
La Caja de Pandora contenía las semillas de todos los problemas y de las bendiciones de la existencia; también contenía la virtud sustentante: la Esperanza. Pandora la abrió. Siendo consciente de los efectos que podría tener, la cerró, y guardó en su interior la Esperanza. Y así, guardó la Esperanza como un un potente recurso para afrontar y superar las adversidades que no podremos esquivar en nuestro vivir, es la cualidad que puede ayudarnos a dar sentido y hacer soportable lo insoportable. La Esperanza guarda en su núcleo la confianza en la Vida y el Futuro si somos capaces de encontrar las relaciones de ayuda que permanecen simbólicamente en la sociedad, Así, es como un motor que propulsa los procesos de recuperación más allá de la individualidad, puesto que no enfermamos en soledad, tampoco sanamos en soledad. La Esperanza interpela a la relación y lo colectivo.
¿Has pensado alguna vez en pedir ayuda? ¿Prefieres no hacerlo porque crees que es mejor «no remover el pasado»? ¿Temes que puedas empeorar si pones palabras a tu dolor? ¿Crees que será peor contar que lo que ya has vivido? Si tienes preguntas así o parecidas, te invito a compartirlas. Estaré encantada de atenderlas y de que podamos conversar sobre ellas.
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Campbell, J. El Héroe de las Mil Caras. 1949.