Formación para Organizaciones
En el 2004 empecé a trabajar con personas en situaciones de vulnerabilidad y diversidad funcional psíquica judicialízada. Me he movido en entornos de trabajo altamente estresantes: los antiguos CEEM (Centros para personas con Enfermedad Mental), la prisión, atendiendo a personas con diagnósticos psiquiátricos, Viviendas Tuteladas y Centro de Acogida de emergencia social. En primera persona he atravesado el desgaste, la frustración, las dudas sobre mi valía profesional, la soledad a pesar de formar parte de un equipo y el riego de baja o abandono laboral. He sufrido las repercusiones en mi vida privada, a nivel de mis salud física y mental, mis relaciones y mi economía.
No quiero que te ocurra a ti, justo a ti que probablemente elegiste este trabajo por vocación, y tienes la sensibilidad de sentir que algo no va bien e intuyes que la solución no depende sólo de ti.
He conseguido recuperarme gracias al apoyo y la empatía de otros colegas que me han ayudado a poner palabras a esa carga invisible, en los descansos, en los trayectos y los cafés compartidos o en esos “no lugares” de los centros, justo antes de entrar en el despacho o en la sala de trabajo. También gracias a la formación, y a la oportunidad de poner en común experiencias y aprender herramientas. En mi caso han sido las Terapias Naturales y Mindfulness, la Psicoterapia Carateroanalítica y una visión crítica a la salud mental centrada más en los determinantes sociales que en los diagnósticos. Refleja el convencimiento que este trabajo merece la pena, que el ser humano tiene un gran potencial de sanación, pero que no es posible sin el cuidado mútuo; también (y sobre todo) dentro de las organizaciones de trabajo.
Sé en primera persona que la labor socio-sanitaria y psicosocial, además de la educativa y jurídica, no tiene el reconocimiento merecido, y que las propias entidades tienen dificultades para invertir en una prevención de riesgos psicosociales adaptada, adecuada y con sentido a la realidad que atienden. Sin embargo, la propia implicación de la organización en el cuidado de sus equipo repercute en unas mejoras incalculables, entre otras:
- La entidad contribuye a consolidar un equipo humano, creciendo en calidad y calidez. Disminuye el riesgo de abandono laboral de las personas con mayor capacidad, implicación y sensibilidad en la relación terapéutica, factor central en la intervención.
- Las personas trabajadoras desempeñan un trabajo con sentido y profundidad en las relaciones humanas, y sienten que pueden desarrollar su profesión de un modo más sólido y con oportunidades. El trabajo se convierte en un aspecto más de su calidad de vida.
- Las personas atendidas sienten mayor seguridad en la relación terapéutica, vínculo y espacio de seguridad para recuperar su proyecto de vida y su esperanza.
Programas de Cuidado y Auto-cuidado Mútuo que incluyen
- Herramientas para reconocer, valorar, prevenir y gestionar la carga emocional derivada del desempeño laboral
- Perspectiva de género e interseccionalidad
- Perspectiva holística y ecológica hacia el bienestar físico, psíquico y social.
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