… o al menos, no solo
Cuando hablamos de Trauma, este tiene dos significados. Por un lado, el hecho en si, un hecho que amenaza la integridad física y psíquica, que desborda nuestra capacidad de defensa, y que es totalmente inmerecido. Por otro lado, la misma respuesta a este hecho amenazante y violento. Pueden darse tantas respuestas, como personas. Pero la evidencia nos dice que la naturaleza del propio delito violento, debiera servir para que la respuesta de asistencia, protección, acceso a la justicia y reparación fuera más adecuada y garantizara el acceso a todas las víctimas. A todas, sin dejar a nadie atrás.
Así, es importante comprender el impacto del trauma psicológico no sólo como reacción individual a eventos aislados, sino como resultado de relaciones de daño continuadas y contextos socioeconómicos que vulneran derechos y servicios, a menudo normalizados dentro de estructuras de poder invisibles. Este poder se traduce en diferentes aspectos que pueden suponer una amenaza para una parte de la población en en determinadas situaciones de vulnerabilidad, limitando la capacidad de agencia y control sobre sus vidas: biológico o corporal, coercitivo, legal, económico y material, ideológico, e interpersonal. Es necesario desvelar el sufrimiento psíquico como consecuencia de una situación mantenida en el tiempo, tanto relacional como sociopolítica, porque las estructuras de poder, tienden a ocultar la responsabilidad, volcándola en la individualidad (Martín-Baró, 1988; Blanco, Díaz, 2004). Se pretende ampliar la comprensión sobre diversos factores que se interrelacionan entre si de manera muy compleja, entre otros, sobre la necesidad de prestar una atención reforzada a las mujeres más vulnerables.