No son pocos los momentos en los que pedimos ayuda por temor a la soledad. Aquellos sucesos de la vida que nos ponen ante ella pueden suponer verdaderas crisis vitales. Pueden ser rupturas de relaciones, en especial aquellas que han sido muy importantes como nuestro padre, nuestra madre, abuelas, abuelos, u otra persona que nos haya procurado cuidado y cariño. También pues ocurrir al fin de una relación, en especial las parejas, o con quienes convivimos y compartimos los momentos cotidianos. Puede que nos enfrentemos a la soledad por un duelo ante la muerte, un fin de relación, o una separación del lugar en el que se vive por un proyecto laboral, vital o migratorio. En esos momentos se puede sentir una cierta punzada, entre tristeza y temor ante la realidad de perder un apoyo de referencia o varios. Es posible que se inicie una cierta crisis personal, un camino de cambio en que latirán los recuerdos y los anhelos. Pasado y futuro marcaran un ritmo, como en un baile, en el que el tiempo irá jugando un papel fundamental, con sus demandas y sus pausas. 

En esa danza puede que se experimenten intensas emociones de tristeza ante los recuerdos que no volverán, los vacíos que ya no se llenarán y el temor ante un futuro que se tendrá que afrontar con mayor autonomía. 

Esas emociones pueden resultar complicadas de sostener y aceptar, y por ello se pueden desarrollar modos de afrontamiento que pueden ayudar a aliviar a corto plazo, pero que a largo plazo pueden contribuir a aumentar el malestar o disminuir la calidad de vida, como por ejemplo, buscar constantemente cosas para mantener actividades o trabajo, aumentar el consumo de alcohol para aminorar el malestar, o mantener relaciones personales más superficiales o de dependencia por temor a estar en soledad. 

En momentos tan importantes en nuestra vida, el apoyo psicológico puede contribuir a conocernos más y comprendernos con mayor ternura, manejar reacciones emocionales que pueden sorprendernos por vez primera, y desarrollar modos de afrontamiento que contribuyan a crecer en tolerancia y autonomía. 

En ese sentido, la psicoterapia trasciende y no es sólo un proceso individual. Tener la experiencia de transformación y crecimiento puede ayudar a comprender a otras personas cercanas que estén pasando por momentos similares, pues no hay nada más cercano a la experiencia de vivir, que la certeza de la pérdida. La sensación de conexión y cercanía, el apoyo mútuo, es uno de los modos en los que la soledad se convierte en un lugar propio, pero habitable. 

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