Para la edad que tengo
me refugio en lo imperfecto
en lo no sido y en lo no hecho.
Busco calma en el vacío que no pude sentir por miedo,
y en la ternura que aún no pude expresar por torpeza.
Busco refugio en la lentitud,
en lo poco y en la pausa.
Cansada de la normalidad, de rendir cuentas,
cansada del reloj y de mantener la forma,
me repliego en mi núcleo
y busco la anormalidad en el tiempo de mis días
y a veces encuentro un espacio para acunarme en la caricia
que no supe recibir todavía.
Para la edad que tengo,
quiero el refugio dónde vuelve el aliento,
quiero el balanceo en el que vuelve el latido,
y el ritmo en que se reconcilian
la vida que no fue y la que aún no ha sido.